Elementales leches 

La pornografía en el cine argentino dio sus primeros pasos –en un principio difusamente- legales a comienzos de los ‘80, con el retorno a la democracia y la flexibilización del aparato censor engendrado por la dictadura.  Sin embargo, hay quienes localizan los orígenes del xxx argento en los primeros años del siglo XX, citando –sin pruebas fehacientes- films que serían entonces contemporáneos de “El fusilamiento de Dorrego” y otras obras fundacionales del cine patrio.
Más allá de este dudoso punto de partida, lo que sí es cierto y verificable es la existencia de películas hardcore desde, al menos, los años ‘40 en adelante.  Todo clandestino, claro, y en búsqueda progresiva de la doble ventaja abaratamiento de costos/menor complejidad técnica, que en los ‘70 traduciría en la utilización masiva del Súper-8 y en los ‘80 del video.
Por lo demás, no existe nada parecido a una industria porno en nuestro país.  El único director que acredita continuidad en el rubro es el uruguayo Víctor Maytland, responsable de títulos como “Los pinjapiedras”, “Las Tortugas Mutantes Pinjas” o “Susana, Humberto y Gladiolo”: producciones artesanales que combinan humor y sexo explícito en iguales dosis de flaccidez.
A la vez, y entre gema y gema de esta versión porno de las comedias rancias made in Sofovich(s), aparecen intentos aislados, directores de una sola película, por lo general esfuerzos hiperamateurs que incluyen distribución videoclub por videoclub a cargo del propio realizador.
Las –generosamente- llamadas productoras lo son sólo muy eventualmente, y sus operaciones y rédito real residen en la compra y distribución de títulos extranjeros (yanquis, europeos y brasileros en ese orden).
Bajo ese cielo, LPsexxx emerge en el 2000 como un grupo realizador independiente, con tres títulos en su haber a la fecha, situándose en este punto a medio camino entre la trayectoria extensa y reconocible de Maytland y las incursiones espasmódicas citadas más arriba. 
Podría decirse que la situación de no-industria y el incierto andar del porno en la Argentina ofrecieron al grupo, básicamente, dos ventajas: la ausencia de todo control realizativo por parte de los ejecutivos y, en la misma dirección, la inexistencia de cualquier intento de disciplinamiento bajo la férula de los subgéneros convencionalizados por el porno internacional1, o, dicho de otro modo, la replicación de fórmulas narrativas automatizadas, tal como sucede en el opresivo mercado norteamericano.
La contrapartida: remuneraciones magras y vacíos legales aptos para el desfile de personajes y actitudes inescrupulosas.
Veamos: en mayo de 2001 LPsexxx debuta en el género, vía OS.AL GROUP, con “Las fantasías de... Sr. VIVACE”, una comedia camp-pop2 dividida en episodios, con toques fantásticos y alusión paródica a “La isla de la fantasía”3
Desde el punto de vista de la producción, el proyecto fue encarado en forma de cooperativa junto a los actores (casi veinte),  y luego cedidos los derechos del film a OS.AL, que extremó recursos hasta no hace mucho para no pagar un centavo de lo contractualmente acordado.  Recién al verse a las puertas de un seguro juicio, sus representantes se dignaron a cumplir lo convenido.
Pros y contras de un territorio apenas explorado...

El siguiente intento se llamó “El profeta”, un thriller que se regodea en el accionar de un psicópata que tiene la buena idea de someter a tres bonitas parejas de clase media a humillaciones y “prendas” sexuales varias.
Financiado por un multimedio, posibilitó la disposición de una cómoda infraestructura para las distintas etapas de la producción y un tiempo de búsqueda inestimable para la elección del cast.
Sin embargo, directores y más de un actor fueron literalmente estafados, y el film –cuyos derechos jamás fueron cedidos- hoy es usufructuado por la distribuidora Capitol Hot Video, que la propala alegremente por el nuestro y otros países, canales de cable dedicados al condicionado y diversos sitios en la Web.  Sin mayores expectativas, LPsexxx ya instaló la cuestión en los estrados judiciales.
Finalmente, y en medio de la desazón generalizada, entra en escena la descontrolada productora Digital Sex Multimedia, que ofrece un presupuesto mucho más que exiguo –aun para los stándares del frágil xxx criollo- y, digamos que por omisión, absoluta libertad creativa a la hora de la realización.  El resultado: “2176. Clones bisex”, una anti-porno retrofuturista con temática travestí-bisexual, un ejercicio de experimentación formal que, visto desde el reverso, podría proponerse como una muestra de ciencia-ficción hiperrealista.
Las desventuras, claro: los responsables de Digital irrumpen inesperadamente en el set y trastornan profundamente el clima de la filmación.  Gritan, intentan abordar sexualmente a actores y actrices y convierten el lugar en una auténtica romería.  Como cereza al postre incumplen contrato con Wolpix, uno de los actores del film.
El no haber callado sino denunciado estos episodios ha cerrado casi todas las puertas para LPsexxx en el ámbito local, al menos de momento.  Deseos, proyectos y movimiento no escasean en el seno del grupo.  En todo caso el futuro, o mejor la interfase entre el azar y sus protagonistas, dirá. 

César Jones, 2003.

1 Hetero, Gay, Bondage, Bisex, Amateur, Zoofilia, etc.
2 Camp: práctica cultural que basa su estrategia en la apropiación resignificada de gustos y estilos que la cultura dominante ha legitimado en algún momento como suyos  (la fascinación por las estrellas de cine en decadencia, por ejemplo, es una paradigmática muestra de camp). Pop: apócope de popular, designa a la cultura del consumo y la exaltación de la banalidad.  El cine pop asoma en la década del ´60, de la mano de films claves como “A Hard Day’s Night” (Richard Lester, 1964).  
3: Serie de TV americana en la que el misterioso anfitrión de una isla imaginaria volvía realidad los deseos de quienes allí vacacionaban.  Emitida con gran éxito en la Argentina durante los años ´70.

Nota: texto publicado en la revista “El extranjero”, Año 1, Nº 1.