
Yo, César III de Anhedonia, en plena posesión de las divinas facultades que me confieren los dioses del hardcore, declaro, ordeno y decreto que a partir de la fecha, miércoles 7 de abril de 2010, todos los textos a publicarse en esta web y que por derecho correspondieran hasta hoy a la presente sección “Director”, encontrarán su sitio en el venerable sector “Novedades”, al que podréis acceder clickeando en la pestaña “Home”, a sólo unos centímetros por encima de estas líneas. A la izquierda, sí.
He dicho.
DESAFORADO | 2007, 15 enero
|
 |
|
| |
PANORÁMICA CÉSAR JONES
¿Qué dice la ranchada? |
|
Hacía mucho tiempo –¿dos años ya?- que no atinaba a colgar un texto "novedoso" en esta web. ¿Desidia? Tal vez… pero supongo que en realidad sucede no tenía mucho para decir. Por otro lado, la estructura de diseño del sitio me obligaba, en caso de decidirme, a algunas tareíllas de programación que no me entusiasmaban en lo más mínimo. Finalmente hice el esfuerzo, así que aquí vamos. No quiero aburrir(me) con la puntual desazón que me embebe tras la culminación del proceso que lleva a la consecución de cada nuevo film; sin embargo, imposible ahuyentar estos devaneos entre los que hoy me debato; imposible al ver las rústicas costuras del relato en “La Zona Cautiva” (que así se llama mi flamante “opus”), la disrupción dramática ante la aparición de las marcas genéricas o, dicho de otro modo, cómo la trama se torna retráctil, se vuelve hacia sí en una suerte de grado cero narrativo ante la presencia y devenir de las secuencias explícitas. Mi lucha de años, con magros avances registrados, por imbricar ambas instancias, rozando siquiera lo erótico … Atado a ello, íntimamente ligada, la cuestión de la defección a la hora de urdir un discurso audiovisual que potencie las –casi risibles- condiciones de producción en lugar de verse jaqueado por éstas. El único consuelo es que estoy trabajando en ello, primer acicate para acometer con una próxima película: debo pensar, vivir, pensar... pensar cómo hacerlo mejor, y es que hoy, entrampado en este callejón estéril, tampoco me satisface la puesta en pantalla (ya quisiera yo decir "en abismo") de los aspectos privativamente porno dentro de mis films, y la crisis avanza conforme se suceden los intentos...
En medio de un tal estado de cosas, mi aislada, extraña relación con los mass media. Fatigan, salvo honrosas excepciones, las entrevistas replicadas hasta el hartazgo (¿cómo empezaste? ¿y el hecho de haber estudiado en Bellas Artes…? ¿ganás mucho dinero? ¿qué dice tu familia?); esto por no hablar de la ausencia de cualquier tipo de documentación previa de parte de quienes las llevan a cabo. Va de suyo que no soy un personaje importante ni interesante –de hecho yo no entrevistaría a "César Jones"-, pero hablamos aquí de una cuestión básica de respeto general y ética periodística en particular. La exhaustez se hace palabra a cuento de haber participado recientemente en un programa radial, en calidad de invitado. No podría precisar cuál fue la última vez que me embargó semejante sensación de extranjería, de ajenidad. He llegado a reprocharme el no haberme levantado y retirado de ese estudio en tiempo. Sobre todo cuando recuerdo, no tanto el irreflexivo desdén hacia mi quehacer, en realidad hacia el género per se, sino cómo llegaron los conductores a mofarse en vivo de un oyente que, habiéndose comunicado por vía telefónica, solicitaba con voz trémula algún tipo de consejo a uno de los panelistas, visiblemente aquejado por una honda preocupación que le ahogaba las palabras. Qué amargo haber sido parte de ese repentino sainete, aun siendo que interpuse una suerte de mano tendida hacia aquel hombre a través de mi tímida intervención al aire. Procuro confortarme pensando que no hay mal que por bien no venga, y que de ahora en más se redoblarán el alcance y la atención de mis antenas al respecto.
Y ya que ¿hablamos? de comunicación, debo decir que la pregunta ¿por qué no un blog? viene martillando mi cabeza desde hace largos meses, elevado su volumen luego de que mi amigo Derry Moore la verbalizara en forma de sugerencia. Mas ahora que menciono a este joven, llega el momento de la digresión: siempre planeo decir lo que a continuación en el transcurso de alguna nota, pero ocurre que el tema nunca sale a la superficie, y también que suelo estar demasiado atareado lidiando con el esfuerzo de ofrecer la mejor respuesta posible a cada interrogación como para recordarlo. Pues bien, el asunto es que quiero agradecerle especialmente y con toda la intensidad del caso al inefable Desmond por la conmovedora generosidad –un enigma diría yo- con que desde hace ya tres años y a la fecha aporta su enorme talento musical vertiéndolo en el container de mis modestísimas creaciones. Habría mucho más para decir, pero por ahora me alcanza con este pequeño acto de justicia. Sigamos, pues.
¿Por qué no un blog atado al site de LPsexxx? Sólo cargo con un puñado de conjeturas: le temo a la novedad; rehuyo a la posibilidad de una discusión abierta; llevo años ejercitándome en mi quejumbrosa introspección; siento un noble aprecio por el silencio y en la mayoría de estos cuadernos en red y foros internéticos lo que me parece detectar es una especie de silencio pero ruidoso, un coro crispado de voces inoperantes (más si me restrinjo a aquellos afines a la cuestión porno). Sin embargo y allende esta gimnasia cavilante, hay algo que doy por cierto: no me abrigan deseos ni fuerzas para sostener una tarea como ésa: moderar, revisar, actualizar contenidos, etc. etc., siento que ya tengo bastante tal como estoy (exacto, mi contracción al trabajo no es una de mis cualidades más atendibles). Vaya mi admiración entonces para quienes asumen la doble faena de llevar adelante su quehacer profesional y el sostén diario y responsable de una de estas impredecibles bitácoras web.
Sí en cambio estoy pensando en adicionar secciones y novedades útiles para el site (aportes de Derry mediante): columnas a cargo de integrantes del equipo técnico-creativo del grupo, links para acceder a las bandas sonoras completas de cada film… en fin, pero eso ya es harina de otro costal (una harina haragana y sedentaria quizás).
Mientras tanto –como ronroneaba el speech de aquella FM susurrante-, en la Argentina, una nueva hora comienza. Cargo sobre mis hombros la mochila de mis mil carencias, humanas, realizativas, y me dispongo a intentarlo una vez más.
César Jones, 6 de octubre de 2008.
|
|
|
|
| |
 |
Podría decirse que están en la mesa de junto, casi entre nosotros. No son demasiados, pero de ese ciberdomo hardcore en el que miden sin pausa el tamaño de sus miembros figurados –también ellas- emerge un griterío asordinado que mueve a la eventual curiosidad. Algunos dicen dirigir películas –no se sabe realmente quién es quién allí-, otros espectarlas con ojo avezado, e incluso en medio intenta colarse inadvertido un obeso vendedor de rancia mercancía, cuya esperanza permanente es la de confundirse en el entorno y desde allí ejercer su inconfesable arte sin temor al linchamiento. Unidos aun en la discordia contingente, conforman una cofradía cuyo pilar indestructible es una suerte de fe incondicional, casi tanto como la crispación su marca de estilo... Sin pausa, juegan a entregarse mutuas dosis vencidas de ligero cinismo, que repasan complacidos y replican complacientes una y otra vez; cada posteo trae el peso irrevocable de un decreto-ley, sacro, retroactivo, inconmovible. Dentro de este sistema que rotula entre justos, santos y pecadores, algunos son rápidamente entronizados e incluso, resultando insuficiente tal unción, pasan a ocupar las más altas esferas de la jerarquía, transmutando y lejos ya entonces de lo humano, demasiado humano. Otros no corren con esa suerte y arden sin contemplaciones en el fuego rechinante del averno. Un tercer grupo de entre los juzgados fluctúa en el limbo indiferente, con chances más o menos empardadas de derivar hacia uno u otro nicho. De todos modos, hay momentos de emoción impagables. Por ejemplo, en ciertas ocasiones alguna de las divinidades decide descender al llano informático –lo cual la eleva aun más en su pía condición-, y en un gesto que marca a las claras la grandeza de espíritu que acabó por distinguirla de los simples mortales, se digna no obstante a compartir algunas horas entre ellos, obsequiándoles generosamente con su palabra, pensamiento, obra y reflexión. Los feligreses, tras librarse de una perplejidad primera, razonan exultantes: “¡y además no se la cree!, ¡miren, vean!”. Un goce extático los invade, la admiración humedece varios pares de ojos (aunque algunos tienen uno solo), pronto se suceden casi a coro los “¡Genio!”, “¡Maestro!” y loas de similar especie. Él, entretanto, irradia de continuo su beatífica sonrisa y, comprensivo, les platica sobre la, en definitiva, pequeñez de sus celebrados logros, advirtiéndoles asimismo respecto del peligro de sobrevaluar su humilde obra, para regalarlos finalmente con dos o tres bienaventuranzas que los fieles se beben desbordados de gratitud. Luego, una leve imposición de manos, el saludo en ascensión y la figura perdiéndose en las brumas, dejando a sus pies una ristra de cabezas –humanas, casi humanas- implorantes en dirección de la bóveda celeste. El número de la humildad de los grandes en una variación excelsa, ¡¡¡bravo, bravo!!! Sin embargo, no todo es dicha y bendición en esta extraña arena; ciertamente hay días en que los cielos oscurecen y remolinos terrosos invaden la electrónica comarca. Son los condenados haciendo oír su amarga queja, reclamando un juicio justo, la nulidad del precedente si lo hubo, cuando no desatando su alarido incontenible contra un, se sabe, exasperado y susceptible tribunal. Error. Si cabía la ínfima posibilidad del perdón, acaban de dilapidarla. Idiotas. No es con diatribas que se ganarán nuestra clemencia, sugieren los severos magistrados, sino a través de un sostenido, sincero y gallardo mea culpa, que quizás, sólo quizás, morigere la pena justicieramente impartida en su momento. En fin señores, que no es fácil vérselas con este Dr. Zaius versión múltiple, emulado e implacablemente inquisidor; mas a diferencia del necio original, no tan sapiente por cierto. No obstante y para ir cerrando que me hastío, lo más atrapante de esta suerte de culto pornomático es la tabla de creencias y restricciones dogmáticas que cimienta todo cuanto sus singulares miembros aseveran sin lugar para la duda, y que en rigor es bastante, no vayan ustedes a creer, por piedad.
De momento, intentemos una breve enumeración en forma de caprichoso y a la vez pertinente decálogo:
1-El porno argentino es, en general, malo.
2-No harás cuestionamientos respecto de lo que se entiende por “porno argentino”, tampoco por “malo”.
3-El porno extranjero es, en general, bueno.
4-No harás cuestionamientos respecto de lo que se entiende por “porno extranjero”, tampoco por “bueno”.
5-El porno argentino bueno, es el que replica al porno extranjero bueno.
6-Una buena película porno debe, para merecer tal calificación, contar con chicas lindas.
7-No harás cuestionamientos respecto de lo que se entiende por “chicas lindas” y presupondrás un canon de belleza único y concentracionario.
8-El buen porno es aquél que se reduce a lo que debe ser: un buen garche.
9-No harás cuestionamientos respecto de los beneficios de una tal reducción ni de lo que se entiende por “un buen garche”.
10-El sexo anal es la práctica basal sobre la que se edificará todo buen film porno heterosexual*
*sería interesante confrontar esta viva defensa de la compulsión por azotar esfínteres con las reflexiones que al respecto desgrana cierta corriente teórica psicoanalítica de raíz freudiana. No creo agradarían mucho sus revelaciones a nuestros exaltados creyentes, que no destacan precisamente por acuñar un vasto horizonte de expectativas en materia sexual. Para los más herejes sugiero la lectura de “Las malas palabras”, de Ariel Arango (ediciones Legasa, 1983), muy elocuente sobre el particular.
Y ahora me voy a la pileta, aunque… caigo en la cuenta de que no tengo. Bueno, al menos en 100 años nadie podrá mancillar mi nombre tildándome de esclavista.
César Jones, 15 de enero de 2007. |
|
|
| |
 |
|
|