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LPsexxx | César Jones

Portada edición Telsev de compilado
films LPsexxx.



Fin de temporada | 2007, 31 de enero

cesarjones5@hotmail.com


 

Plaza por autopista | 2006, octubre



 

Clonesurfers | 2005, noviembre
Usurpando el espacio y sin dueño a la vista, César nos relata su último sueño extático.
Oigámosle.

 

 


FIN DE TEMPORADA


Y un día se acabó la post de “Temporada alta”.   Y el master fue entregado y en unas cuantas horas se multiplicará en unas centenas de dvds y otros tantos megas que hendirán las retinas de un puñado de extraños y otros vagamente familiares.  Me invade una honda desazón, una mustia y acre sensación de vacío.   Nada nuevo, se sabe, y es que he investido con tal carga este proyecto, que al consumarse y por ende perecer (para nacer como film), no debería sorprenderme este perplejo y sostenido desasosiego.  Sin embargo hay algo más, específico esta vez.   El proceso de montaje de imagen y sonido, conjunta y separadamente, ha sido largo, arduo y exigido enormes esfuerzos, que acometí incondicional y sin escatimar en gastos energéticos.   Como contrapartida, la instancia puntual de corrección de color y, digamos, tallado final de la imagen, sólo me otorgó margen para llevarla a cabo “en una sola toma” (en el marco de una única jornada) y con apenas unas horas más de gracia para una última revisión.   No es necesario señalar la notoria inequidad prodigada a cada una de estas fases.   Cierto que el film logra acercarse a la consecución del argumento tentado; cierto también que cumple con sus “deberes” genéricos, y cierto asimismo que el relato discurre con relativa fluidez a lo largo de sus casi noventa minutos de duración.   También está claro que porta defecciones atribuibles a mi mal saber y entender, a mi falta de destreza, digo, y otras consecuencia más o menos directa del azar. 
Pero hay un tercer tipo de mella que guarda íntima relación con el desajuste que señalaba líneas arriba, y que no es achacable a la falta de presupuesto  y tampoco a alguna clase de impericia más o menos asentada en mí, sino a un defectuoso diseño de producción, ni más ni menos, y evitable por cierto (que al espectador medio de porno todo esto pueda importarle muy poco no sólo no me consuela, sino que al serme referido con intención de restañarme las heridas no hace otra cosa que punzar aun más mi malestar).
En fin, sospecho que debo procurar un cambio de coequiper para acometer con ese último tramo previo a la culminación de un film, y que más allá de saberes y facultades, su cualidad primordial habré de buscarla –y allí obrará el crucial giro- en el grado de involucramiento, mínimo, vital y móvil,  para con la aventura en frames de que se trate.   Creo a la vez que he llegado a una suerte de callejón sin salida, incompatibilidad inexorable entre las metas discursivas que me he venido planteando y las condiciones de producción con las que cuento.   Afortunadamente no estoy “haciendo historia”; ni soy el rey del porno ni el Nº 1 ni el más “fashion”; ni quiero autocolgarme ninguna de esas absurdas medallas en oferta que tanta tristeza provocan.   Sucede que no creo “Temporada alta” sea un paso adelante respecto de “Perversiones sexuales de un terapeuta”, y entonces es tiempo de aguzar la mirada para avistar otros puntos de fuga; novedosos, posibles.
Hoy, nuevas sendas tomareeeeeeeeeeemoooooooooooosssss…. *

* pero antes un poco –o un mucho- de vida disipada (tengo que advertirles que, al contrario de Patricio Ricci, que vela sin descanso por nuestra salud física y moral, yo soy un peligroso apologeta de las drogas).

PD: sobre todo sintéticas.



César Jones , 31 de enero de 2007.

 

 

PLAZA POR AUTOPISTA


Y así, mientras seguimos paseando nuestra pequeñez allí por donde pisemos; mientras continuamos exhibiendo altivos ese torpe muestrario de miserias que nos distingue como un absurdo pin; mientras nos obstinamos puntualmente en negar la tragedia inevitable; mientras esto ocurre yo me acomodaba como mejor podía en el pequeño asiento del Plaza “a La Plata por autopista”. Prescindí de casi todos los pasajeros, reservando mi atención intermitente para dos niños de imaginación centelleante que me obsequiaron –sin reparar demasiado en este cronista- un número desbordante de humor y ternura. En algún momento decidí mirar a través de la ventanilla; una vez más la ciudad, nocturnal, magnificente, velada por mil luces de neón y que dejábamos atrás en busca de otra, pequeña y más apacible; las últimas paradas, algunos viajando de pie, un pesado silencio sólo atravesado por las ocurrencias y risotadas de los pequeños, único signo vital en ese colectivo. Estaba cansado, hambriento e incómodo, así que intenté olvidarme de las demandas fisiológicas retomando un ejercicio mental que, ensoñado, había cobrado forma días atrás en mi ahora añorada habitación. Imaginaba que un supuesto entrevistador me interrogaba acerca de cuál de mis películas era la que más me gustaba. Ésa era la excusa, y mi respuesta silenciosa parecida a lo que sigue: * “Ninguna me satisface más que parcialmente, y esto en el mejor de los casos. Atención, lejos de mí la postura de “artista” rebelde e inconforme, ingenua fachada y reverso de una vanidad inconfesable. Cierto es que, si amamos lo que hacemos, nunca estamos del todo complacidos con el resultado final de nuestras creaciones. Pero más allá de esta obviedad, lo que me sucede particularmente es que no encuentro en uno solo de mis films el equivalente de una obra que me genere al menos una atendible sensación de plenitud, un acabado que me conforte sensiblemente por la solidez de lo logrado. ¿O sí? A ver, quizá “Perversiones sexuales de un terapeuta”, por su cohesión formal y narrativa, pueda generarme cierto bienestar, a caballo, sobre todo, de algunos progresos en el dominio de la técnica y de la construcción del relato. Sin embargo “Los desviados”, aun filtrada por dificultades y falencias de las que quizá “Perversiones…” carezca o las posea en menor medida, “Los desviados” decía, se me vuelve más valiosa por el tono de hastío y decadencia en que pretende y se embebe, llevando a término el retrato –he ahí su acierto- de un puñado de seres abúlicos, endogámicos, que han construido un endeble y silenciado mundo puertas adentro. “Las fantasías de… Sr. VIVACE” por su parte, posee una frescura inusitada y esboza las primeras muestras de un humor -cuya sutileza se agiganta en la comparación- que no estorba sino, por el contrario, habita la excitación sexual a la que el film propende. La primera secuencia de este opus iniciático es sencillamente excelente Smithers, mientras que las siguientes, aun conservando ciertas bondades hasta el final, no logran ponerse a la altura de aquel inmejorable comienzo. Otra cuestión medular en “…VIVACE” es la incorporación reminiscente de estereotipos rancios del género, para subvertirlos en favor del despliegue de una sexualidad vigorosa, juguetona. Luego vendría “El profeta”, gran descalabro, una completa defección gracias a torpezas propias –sobre todo- y ajenas, a la que me cuesta encontrarle algún ítem rescatable. Que no lo encuentro, y dedicarme a señalar su colección de desaciertos ni siquiera merece la pena. La respuesta revulsiva a aquel desastre: “2176. Clones bisex”, previsiblemente la película más incomprendida del porno vernáculo. Azarosa, temeraria, traccionada por un genuino y acentuado afán experimental (acompañado del más insano por exiguo presupuesto), no encontraremos en ella, o sólo en dosis tan homeopáticas como aisladas, imágenes que aguijoneen nuestra libido ni que nos hagan pensar en la posibilidad de hacerles justicia con una buena paja… aunque nunca se sabe, y hay para todos. Su potencia ha de buscarse en el abordaje temático (¿futurista? ¿retrofuturista? ¿qué pretende esta película? ¿pretende, desea?); su puesta minimalista, con algo de teatral; la imagen infectada por filtros que asfixian la pantalla y hostilizan a sus tres lejanos habitantes, y una involuntaria alusión a los relatos primordiales. Sórdida, anémica, cabalmente bizarra, “…Clones…” parece la pauperización sci-fi de una tragedia griega. De paso, se ubica en una coordenada que pone en discusión su misma condición de film porno, cuestionada por un aparente desdén en cautivar al espectador desde el sexo, y tal vez –nada está claro en este film- sí hacerlo a través del lenguaje de la ciencia-ficción. Qué decir de “Pornumental Jone's”… la considero una película sobria, a media luz, con ciertos pasajes sexualmente estimulantes, y, gran virtud, propiciadora de un encuentro raramente íntimo entre el espectador y los entrevistados de esta experiencia documental. Y sin embargo, a pesar de parecerme una producción tan sólo correcta, es la que mejor ha funcionado comercialmente, y la que más elogios ha recibido de entre las pocas devoluciones (a)críticas con que habitualmente se regala a las porno argentinas. Ninguna paradoja, desde ya. En cuanto a “Euge no duerme”, es para mí, visto en retrospectiva, el intento de satisfacer afanes exploratorios pero sin renegar del género sino hundiéndose por sus aberturas. Lo más flojo: la tonta decisión de demarcar el tránsito “realidad-realidad otra ” a través de ingenuos artilugios audiovisuales. Luego, un entramado altamente atractivo: la solitariedad introspectiva de la protagonista en medio de la gigantesca metrópoli (bellamente fotografiada), las resonancias de la nouvelle vague y el cine psicotrónico de los ‘70, y algunos pasajes de indagación sexual memorables, como la secuencia desarrollada en el ascensor de un edificio que no parece conducir a ningún lugar cierto; todo ello nos habla, cuando menos, de un extraño fulgor que parece confluir en la mirada abismada de esa joven de rostro marmóreo que no descansa. También es de hacer notar que otras secuencias del film pierden intensidad y, a desventajoso cambio, ganan en morosidad luego de comienzos de estimulante inquietud. Por otro lado, la incertidumbre respecto del deseo de los personajes, el no poder precisar hacia dónde se dirigen en su derrotero pulsional, es quizá la característica clave y saliente del film (y a lo mejor, enhorabuena, de LPsexxx todo).
Volviendo por un momento a la mencionada secuencia del ascensor, imposible no señalar su resolución poética, con Euge observando el vacío sin vértigo y el esperma brotando de su tez en clara analogía con los estigmas sangrantes de los místicos religiosos. Nosotros mientras tanto, evitando el vahído; escrutando nuestros misterios, gélidamente exhortados por esa tenue silueta no apta para idiotas. Y ya por dejar atrás este film, una última cuestión: algunos me han hecho notar la similitud entre la escena de la “chica-manjar” -desnuda, inerme, recostada sobre una larga mesa, ungida con frutos y jaleas que otros comen de su cuerpo- y otra del film de Greenaway
El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante”. El que no es amante de Peter es quien aquí escribe: no he visto esa película, ni sabía de la escena; es más, aun hoy no sé demasiado de ella. Sólo me apunto tres films que me han fascinado de entre su obra: “ZOO”, “Conspiración de mujeres” y el alucinante documental apócrifo de 1980 The Falls”. Del resto ni noticias, de modo que quienes han creído ver un burdo plagio o pretencioso intento de ponerme a la altura del celebrado director, deberán en todo caso recurrir a otras hipótesis. Va de suyo que existen cantidad de maneras indirectas/inconscientes por las cuales aquellas imágenes del realizador inglés pudieron haber llegado hasta “Euge...”, pero me descarto del rastreo, aburridísimo y vacuo. Y ahora, ay, “SuperSalvaje”, inesperada finta, hija de la necesidad y la resistencia a un tiempo. En cierta forma un remix audiovisual, su materia prima es el crudo de un director amateur que filmó varias horas de gonzo que luego compaginé a displacer. Si no hubiera sido porque un formidable frente de tormenta se apersonó en mi vida familiar y profesional, dejándome con muy pocas opciones, dudo habría aceptado la propuesta. Todo aquello de lo que reniego aparece en esta cinta: sexo despojado de toda otra dramaturgia, cosificación extrema, misoginia, explotación, y varios etcéteras más que conforman el pack del porno heterosexual al uso. Sin embargo no quise rendirme, y en ese esfuerzo el fruto comestible de la propuesta: el inserto alternado de una secuencia flúo-lisérgica en la que planteo mis objeciones a la propia película, al género en su versión hegemónica, a mí mismo en mi cínico intento de expiar culpas, y me burlo del supuesto enfrentamiento con Víctor Maytland, colocando a mi alter ego en el film y al del benemérito patriarca del hardcore criollo en un contexto de autocrítica y reflexión “pura”. Para el cierre, y bien adrede, dejé a “Pornumental”, pues concluí es la más digna de ser respuesta a la pregunta de nuestro fantaseado entrevistador (¿la recuerdan?, yo casi tengo que leer arriba de tanto irme por las ramas). Aquí van mis razones: en primera, la organicidad de la propuesta, presente como en ninguna otra de las películas que he intentado. Luego, su poder de síntesis, aunado a un redoble en la apuesta –ya bien bosquejada en “…VIVACE”- por la imbricación de humor y sexualidad, lejos de las empobrecedoras parodias tanto como de los efectos contraindicativos entre ambas instancias. La exploración documental, hiperrealista, del deseo enunciado y puesto en acto por los entrevistados, que redundó en escenas de múltiples resonancias eróticas; el hallazgo de Daniel Rico en la piel del entrevistador-anfitrión de los encuentros; su humor por momentos involuntario, muchas veces demencial; la colorida –y no exenta de malicia- relación entre aquél y los directores, y el marco reflexivo de la propuesta, que despliega entonces un metalenguaje fluido y a resguardo de la sobreactuación, todo eso juega en favor de mi pornumental elección. Y es que incluso lo fecundo de este reticulado de elementos hace que las aparentes precariedades que pudieran achacársele al sonido y a la imagen, acaben reconvertidas en eficientes alfiles al servicio de la causa”.

En todo esto pensaba antes de llegar a La Plata y no le había concedido la importancia que merece al hecho de que, contradiciendo mi habitual mala suerte en la materia, a mi lado iba sentada una linda chica con camisa blanca y perfil de animé. Una vez que el destino me sonríe y yo sumido en estas cavilaciones… por favor.

* Lo dicho a continuación en el marco de un corpus endeble, careciente y frágil, cuando no risible...


César Jones, octubre de 2006

 

 

 

CLONESURFERS
Usurpando el espacio y sin dueño a la vista, César nos relata su último sueño extático.
Oigámosle.


Mi amiga Agustina me había invitado a su casa. Vivía con su familia. Estábamos desnudos sobre un colchón, por cuyas sábanas revueltas se podía inferir que habíamos dormido allí. Desnudos, ¿ya lo dije? De súbito aparece la hermana de Agustina -originaria del sueño-, rubia, gordita, muy atractiva. "Qué buena que está, ¿mirá vos?", dije para mis adentros. Sin solución de continuidad, compartimos un almuerzo con la familia entera de mi amiga, que se completaba con sus progenitores.

Su padre era un científico especializado en manipulaciones genéticas y biotecnología. De pronto, nuevamente en el que, supongo, es el cuarto de Agustina. Tenía muchos gatitos, me resultaban de a ratos simpáticos y luego cada vez menos soportables. Aparentemente cachorros, eran creación de papá genetista, mininos inusitadamente cabezones e hiperinteligentes, algunos incluso hablaban. Todos rasguñaban, muy molestos. A Agus, extrañamente hippie, parecía no importarle. También nuestras desnudeces le tenían sin cuidado; yo en cambio, previsiblemente caliente.
Me invita a pasear, acepto. Sin más, caminamos apacibles por un jardín -el de la casa de mi abuela. Lo primero que noto es a un grupo de surfers, rubios, desnudos, clonados, al parecer lobotomizados, jugando despreocupadamente entre los árboles del parque (me recordaban a los Eloi de la original "The Time Machine"). Consulto sobre ellos a Agustina, me informa que son también obra de su padre. "Dota de inteligencia superior a pequeños felinos y lobotomiza humanos...", empezaba a inquietarme.

Agus camina a mi lado, sonriente, siempre desnudos. Noto que no hay mujeres entre los clones, y se lo hago saber. Me informa que han sido comercializadas en el marco de una operación de trata de blancas. Me horrorizo vagamente. Acto seguido me pregunto si Agustina se serviría sexualmente de estos jóvenes, que sin embargo daban más bien la impresión de niños seráficos prefreudianos.

Opté por la discreción y, sin más preguntas, continuamos nuestra caminata.

 

César Jones, noviembre de 2005.